Nuevo Pacto y Nuevo Sacerdocio: Una Lectura Coherente de Hebreos 5–10
La carta a los Hebreos presenta una teología profundamente entrelazada entre el sacrificio, el sacerdocio y el pacto. Algunas interpretaciones han propuesto que Cristo fue hecho Sumo Sacerdote antes de su resurrección, aunque comenzó a ejercer ese sacerdocio solo después de su exaltación. Esta postura genera tensiones lógicas y teológicas que pueden ser corregidas si seguimos el orden propuesto por el mismo texto de Hebreos: primero se inaugura un Nuevo Pacto mediante la muerte de Cristo, y luego se establece un Nuevo Sacerdocio mediante su resurrección y exaltación.
I. El Nuevo Pacto precede al Nuevo Sacerdocio
El autor de Hebreos establece con claridad que la obra de Cristo como mediador se basa en un nuevo pacto que entra en vigor con su muerte:
“Por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la redención de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna” (Heb 9:15).
“Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador” (Heb 9:16).
El lenguaje aquí es jurídico: el testamento (diathēkē) o pacto entra en vigor después de la muerte del testador. Por tanto, no puede haber un nuevo sacerdocio operando antes de que el pacto que lo sustenta haya comenzado. Cualquier ministerio sacerdotal que Cristo ejerciera antes de su muerte sería aún bajo el antiguo pacto, lo cual contradice Hebreos 8:4:
“Así que, si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote”.
La lógica de Hebreos implica que no había lugar para un sacerdocio celestial de Cristo antes de la instauración del nuevo pacto.
II. El Sacerdocio es posterior a la exaltación
Hebreos presenta una transición clara: Cristo, habiendo ofrecido su vida, fue exaltado, y entonces ejerce su sacerdocio en el santuario celestial.
“Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios…” (Heb 10:12).
“Teniendo un gran Sumo Sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios…” (Heb 4:14).
El verbo clave en Hebreos 5:9–10 es “hecho perfecto” (teleiōtheis), el cual implica una culminación, no meramente moral sino vocacional: Cristo es perfeccionado para el rol sacerdotal después de su sufrimiento.
“Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios Sumo Sacerdote…” (Heb 5:9–10).
La perfección no puede preceder al sufrimiento; por tanto, el sacerdocio no puede preceder a la perfección. Esto refuerza que Cristo fue constituido funcionalmente como Sumo Sacerdote solo después de haber muerto y resucitado.
III. La necesidad de coherencia teológica
Afirmar que Cristo fue “hecho” sacerdote antes de su resurrección, pero solo ejerció el cargo después, introduce una distinción innecesaria y confusa. No existe en la Escritura la categoría de un “Sumo Sacerdote sin ejercicio”. En el pensamiento levítico, el sacerdote es quien actúa, no solo quien es nombrado.
Asimismo, afirmar que hubo designación previa a la inauguración del pacto es comparable a decir que “Cristo nació de una virgen desde siempre”: un error lógico. El sacerdocio exige contexto pactual: sin nuevo pacto, no hay nuevo sacerdocio.
IV. Conclusión
Hebreos no deja espacio para un sacerdocio de Cristo antes de la instauración del nuevo pacto. El orden es claro: Nuevo Pacto primero, luego Nuevo Sacerdocio. Cristo es perfeccionado por el sufrimiento, y después de resucitar y ascender, es entronizado y comienza su ministerio como Sumo Sacerdote en el santuario celestial. Cualquier otra secuencia rompe la estructura argumentativa de Hebreos y debilita la claridad de su mensaje.
La teología de Hebreos debe leerse con fidelidad a su propia lógica interna, no imponiendo cronologías externas que, aunque bien intencionadas, resultan ilógicas y teológicamente innecesarias.

No hay comentarios:
Publicar un comentario