sábado, 12 de agosto de 2023

Un Mandamiento del Amor Fraternal y su Aplicación al Trato de Personas Indocumentadas: Una Perspectiva Evangélica

En el corazón del cristianismo evangélico yace un mandamiento fundamental que ha sido transmitido a lo largo de los siglos como un faro de luz y guía para la vida de los creyentes. Juan 13:34-35 proclama: "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor unos a otros." Este pasaje bíblico establece un estándar de amor entre los hijos de Dios que trasciende circunstancias y fronteras, llamando a los cristianos evangélicos a amar y tratar a todos los seres humanos, en especial a los hermanos en la fe con dignidad y respeto, independientemente de su estatus legal. En este ensayo, exploraremos cómo este mandamiento se aplica al trato de las personas indocumentadas y en especial a los que son cristianos, por parte de sus hermanos en fe y que son ciudadanos de un país y viceversa, desde una perspectiva evangélica.

El Mandamiento del Amor Fraternal y su Significado

En las palabras de Jesús, se encuentra encapsulada la esencia del amor fraternal, un amor que trasciende las barreras sociales y étnicas. Este mandamiento no solo nos insta a amarnos unos a otros, sino también a hacerlo de la manera en que Cristo nos amó. Esto implica un amor sacrificial, desinteresado y generoso, capaz de derribar muros y sanar heridas. Como se menciona en Juan 13:35, el amor entre los discípulos de Cristo es la señal distintiva de su seguimiento (no importando su estatus legal), una prueba visible de su compromiso con el mensaje del Evangelio.

La Aplicación del Mandamiento en la Relación con Personas Indocumentadas

La cuestión de las personas indocumentadas es un tema candente en la sociedad contemporánea. Desde una perspectiva evangélica, el Mandamiento del Amor Fraternal exige una respuesta compasiva y humana, en particular entre los hermanos en la fe. El estatus legal no debería ser un factor determinante en cómo se trata a otro hijo de Dios. Los evangélicos somos llamados a mirar más allá de las etiquetas y reconocer la nueva creación que somos en Cristo, independiente del estatus. Aún más, al seguir el ejemplo de Jesús, cuya compasión y amor se extendían a todos, independientemente de su origen, los cristianos evangélicos debemos abogar por la rectitud y el trato digno (inclusive preferente) entre los hermanos en la fe, no impontando si la personas cae en la categoría de indocumentado.

Superando el Miedo y la Desconfianza

En muchos casos, el trato negativo hacia los hermanos en la fe por ser personas indocumentadas por otros cristianos, surge directamente de la desobediencia al versículo que encabeza este ensayo y por supuesto por del miedo y la desconfianza. Sin embargo, el mandamiento de amar a nuestros semejantes desafía estos sentimientos. El amor perfecto desplaza el miedo, y la confianza en Dios elimina la necesidad de desconfiar de los demás. En lugar de cerrar las puertas y endurecer los corazones, los evangélicos debemos abrir nuestros brazos y demostrar la compasión de Cristo hacia aquellos que enfrentan dificultades y persecución, en especial hacia aquellos que comparten la misma fe.

Una Llamada a la Hospitalidad y la Solidaridad

La Biblia no es ajena a la noción de la hospitalidad y la solidaridad. Inclusive más, a lo largo de las Escrituras, se nos recuerda la importancia de tratar a los extranjeros con amabilidad y respeto. El Antiguo Testamento contiene numerosas referencias a cuidar de los extranjeros y tratarlos con la rectitud y misericordia que es propia de ser parte del pueblo de Dios. De manera similar, el Nuevo Testamento nos llama a mostrar hospitalidad sin reservas (Romanos 12:13; Hebreos 13:2), ya que al hacerlo, podríamos estar albergando a ángeles sin saberlo.

La Importancia de la Humildad y el Autodescubrimiento

En el contexto de la interacción entre ciudadanos y personas indocumentadas, es esencial que los evangélicos nos examinémonos a nosotros mismos. La humildad es una virtud fundamental en la vida cristiana, y reconocer no sólo la humanidad compartida con los demás, sino también la misma fe en el Cristo resucitado, independientemente de las diferencias, es en sí mismo un acto de humildad. Al confrontar nuestras propias posibles actitudes discriminatorias, los creyentes podemos acercarnos al mandamiento del amor fraternal con un corazón genuino y compasivo.

El Rol de la Obediencia y la Sensibilización

La aplicación efectiva del mandamiento del amor fraternal en el trato de personas indocumentadas requiere obediencia y sensibilización. Aún más, los evangélicos debemos esforzarnos por comprender las razones detrás de la migración y los desafíos que enfrentan las personas indocumentadas. La ignorancia puede alimentar prejuicios y estereotipos injustos. La obediencia al mandato de amarnos unos a otros, nos permite una apreciación más profunda de la humanidad compartida y promueve la empatía.

El Desafío de Una Justicia Biblica

La justicia y/o rectitud que la Biblia enseña es una extensión natural del amor cristiano. Los evangélicos no solo estamos llamados a tratar a las personas indocumentadas con compasión individual, sino también a abogar por sistemas y políticas justos. Defender los derechos y la dignidad de las personas indocumentadas en la esfera pública es un testimonio de la verdad transformadora del Evangelio.

El Llamado a la Oración y la Acción

La oración y la acción deben ir de la mano en la vida del creyente. Al orar por las personas indocumentadas, los evangélicos reconocen la importancia de encomendar sus vidas y circunstancias a Dios. La acción, por otro lado, implica trabajar para crear un entorno en el que todos sean tratados con amor y justicia. La oración nos conecta con el corazón de Dios, y la acción refleja la voluntad de Dios en la tierra.

El Impacto Transformador del Amor Fraternal

Cuando los ciudadanos y las personas indocumentadas se comprometen a vivir el mandamiento del amor fraternal, se crea un ambiente de comprensión y reconciliación. Las barreras que dividen se desvanecen, y en su lugar surgen puentes de amor y compasión. Este proceso de transformación no solo beneficia a las personas directamente involucradas, sino que también impacta a la sociedad en su conjunto, presentando un testimonio poderoso del poder redentor del Evangelio.

Conclusion

El mandamiento del amor fraternal, como se encuentra en Juan 13:34-35, trasciende las fronteras geográficas y legales. Desde una perspectiva evangélica, este mandato nos llama a tratar a todas las personas con dignidad, respeto y amor, independientemente de su estatus migratorio. Como cristianos, estamos llamados a seguir el ejemplo de Cristo, cuyo amor incondicional no hace distinciones basadas en la nacionalidad o el origen étnico. El trato de las personas indocumentadas por parte de los ciudadanos de un país y viceversa debe ser guiado por el amor sacrificial y la compasión que fluye del corazón de Dios. Al abrazar este mandamiento, podemos construir puentes de reconciliación y transformación en una sociedad quebrantada, presentando un testimonio vibrante del amor transformador de Cristo

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