sábado, 12 de septiembre de 2026

8 — La voluntad de YHWH fue abatirlo


 «Y YHWH quiso abatirlo, hacerlo padecer… verá descendencia, prolongará sus días, y el querer de YHWH prosperará en su mano». Isaías 53:10

 «Y el Señor quiere purificarlo de la herida». Isaías 53:10 LXX 


El descenso del Siervo dentro del querer de Dios 

 El capítulo anterior nos dejó delante de una tumba. El Siervo ha sido cortado de la tierra de los vivientes, contado entre los transgresores y sepultado bajo la sentencia de los hombres. Lo despreciaron, lo oprimieron, lo golpearon y finalmente lo mataron. En la intención de los inicuos, su historia debía terminar en una fosa común, confundida para siempre con la de los transgresores. Sin embargo, el cántico todavía no había pronunciado la respuesta de YHWH. Isaías 53:10 comienza con una declaración desconcertante: «Y YHWH quiso abatirlo, hacerlo padecer». La frase impide considerar el descenso del Siervo como un accidente que frustró el propósito de Dios. Todo cuanto acaba de narrarse —su desprecio, humillación, sufrimiento y muerte— ocurrió dentro de un camino que YHWH había querido que recorriera. Pero ¿qué significa que YHWH quiso abatirlo y hacerlo padecer? Para responder debemos escuchar cuidadosamente las palabras del poema. De ello depende que distingamos entre el querer de Dios, la obediencia del Siervo y la violencia de los hombres. 

 Una palabra de abatimiento En Isaías 53:10 aparece la forma דַּכְּאוֹ — dakkəʾô, procedente de la raíz דכא — dāḵāʾ. Puede traducirse como: abatirlo,

aplastarlo,

quebrantarlo. La raíz דכא — dāḵāʾ describe la acción de reducir, derribar o llevar a alguien a una condición de profundo quebranto. Según el contexto, puede expresar opresión, humillación, abatimiento interior o descenso hacia la muerte. No designa necesariamente una herida física particular. Job acusa a sus amigos: «¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma

y me moleréis con palabras?» —Job 19:2 Las palabras no abren una llaga en su cuerpo, pero pueden aplastar su vida. Job se siente reducido por quienes debían haberlo consolado. En Isaías 57:15, la misma familia léxica aparece en la expresión  «quebrantado y humilde de espíritu».  Tampoco se refiere allí a una lesión corporal, sino a la condición de una persona abatida y consciente de su fragilidad. Estos usos muestran que דכא — dāḵāʾ no identifica necesariamente el instrumento que produce el quebranto. Describe, ante todo, la condición a la que una persona ha sido llevada. «Ha postrado en tierra mi vida» El Salmo 143 ofrece una imagen especialmente iluminadora: «Porque ha perseguido el enemigo mi alma;

ha postrado en tierra mi vida;

me ha hecho habitar en tinieblas

como los ya muertos». —Salmo 143:3 La expresión traducida «ha postrado» pertenece a la misma raíz דכא — dāḵāʾ. El salmista no se concentra en un golpe particular. Describe un movimiento completo: el enemigo persigue su vida, la abate hasta la tierra, lo hace habitar en tinieblas y lo reduce a una condición semejante a la de los muertos. La palabra funciona como una imagen de descenso. La vida que debía permanecer en pie ha sido llevada hasta el suelo. El salmista todavía habla, pero se siente colocado entre los muertos. Esta imagen nos ayuda a escuchar Isaías 53:10. Cuando YHWH quiere abatir al Siervo, la expresión דַּכְּאוֹ — dakkəʾô puede recoger el recorrido mediante el cual su vida desciende hasta la tierra y entra verdaderamente en la muerte. 

 Hacerlo padecer Después de דַּכְּאוֹ — dakkəʾô, el texto utiliza una segunda expresión: הֶחֱלִי — heḥĕlî. Esta forma procede de la raíz חלה — ḥālāh, cuyo campo semántico incluye enfermar, debilitarse, padecer, afligirse o experimentar dolor. En Isaías 53:10 puede expresarse como: hacerlo padecer,

llevarlo a la aflicción,

someterlo a la debilidad del sufrimiento. La raíz חלה — ḥālāh no nombra necesariamente una herida concreta, sino la condición de dolor, debilidad o aflicción que esta produce. Por eso, Isaías 53:10 no afirma simplemente que YHWH quiso herir al Siervo, sino que quiso llevarlo hasta el abatimiento y hacerlo atravesar el padecimiento. Las dos expresiones se complementan: דכא — dāḵāʾ señala hasta dónde descendió el Siervo; חלה — ḥālāh describe lo que padeció durante ese descenso. 

 Una palabra que recoge todo el poema Isaías ya había utilizado la raíz דכא — dāḵāʾ en el versículo 5 para describir al Siervo como abatido. Después de presentarlo reducido bajo el desprecio y la violencia, el versículo 10 declara que YHWH quiso abatirlo. La repetición no es accidental. Estamos dentro de un poema, y el poema retoma sus propias palabras para interpretar lo que ha narrado. Desde su aparición, el Siervo recorre un camino descendente. Surge como raíz de tierra seca. No posee la apariencia que los hombres consideran digna de honor. Es despreciado y rechazado. Los hombres esconden de él el rostro. Es tratado como alguien sin valor. Padece, es oprimido, privado de justicia y cortado de la tierra de los vivientes. Entonces el poema declara: «Y YHWH quiso abatirlo, hacerlo padecer». La frase recoge en dos expresiones todo el recorrido anterior: desprecio, exclusión, opresión, dolor y muerte. “Aplastar” conserva la intensidad de la raíz דכא — dāḵāʾ. “Quebrantar” comunica su resultado. Pero “abatir” permite escuchar el movimiento completo: hacerlo descender, reducirlo y llevarlo hasta lo más profundo. El abatimiento reúne la humillación del Siervo, su padecimiento y su descenso hasta la muerte. 

 YHWH quiso, y su querer prosperará El poema construye esta declaración mediante una repetición que muchas traducciones no permiten escuchar plenamente. Al comienzo del versículo dice: וַיהוָה — wa-YHWH, «y YHWH»

חָפֵץ — ḥāfēṣ, «quiso». La expresión completa es: וַיהוָה חָפֵץ — wa-YHWH ḥāfēṣ

«Y YHWH quiso…». Al final declara: וְחֵפֶץ — wə-ḥēfeṣ, «y el querer»

יְהוָה — YHWH, «de YHWH». La expresión completa es: וְחֵפֶץ יְהוָה — wə-ḥēfeṣ YHWH

«y el querer de YHWH…». La primera forma, חָפֵץ — ḥāfēṣ, es verbal: quiso. La segunda, חֵפֶץ — ḥēfeṣ, es nominal: querer, voluntad, deseo o propósito. 

 Ambas proceden de la misma raíz. El versículo comienza con aquello que YHWH quiso y termina con el querer de YHWH prosperando en la mano del Siervo. Podemos traducir: «YHWH quiso abatirlo… y la voluntad de YHWH prosperará en su mano». Pero el juego poético se percibe con mayor claridad si conservamos la repetición: YHWH quiso abatirlo, y el querer de YHWH prosperará en su mano. O, de manera explicativa: YHWH quiso abatirlo, y aquello que YHWH quiso alcanzará su cumplimiento en la mano del Siervo. El abatimiento, por tanto, no agota el querer de Dios. El mismo querer que conduce al Siervo hasta lo más profundo es el que después prospera en su mano. Al final del versículo, el Siervo aparece vivo: ve descendencia, prolonga sus días y actúa. El abatido se convierte en la mano mediante la cual el querer de YHWH alcanza su meta. 

 Dios quiso el camino; los hombres ejercieron la violencia Aquí debemos conservar cuidadosamente la distinción de agencias. El texto dice: YHWH quiso abatirlo y hacerlo padecer. No dice: YHWH quiso herirlo. Tampoco afirma que YHWH lo escupió, lo golpeó, lo juzgó injustamente o lo mató. La herida pertenece al trato que los hombres dieron al Siervo. Fueron ellos quienes lo despreciaron, lo oprimieron, lo privaron de justicia y levantaron sus manos contra él, y finalmente lo mataron. La confusión aparece cuando se razona de este modo: YHWH quiso abatirlo.

El Siervo fue herido.

Por tanto, YHWH fue quien lo hirió. Esta conclusión reemplaza una palabra por otra y traslada a Dios la agencia de quienes ejercieron la violencia y la herida. דכא — dāḵāʾ describe la reducción total del Siervo. חלה — ḥālāh expresa la aflicción que atravesó. Los golpes y heridas concretos proceden de quienes actuaron contra el Justo. La distinción puede formularse así: YHWH quiso que el Siervo recorriera el camino del abatimiento y del padecimiento; los hombres ejercieron la violencia mediante la cual fue despreciado, herido y muerto. No debemos reducir el querer de Dios a una permisividad distante, como si YHWH solamente observara un acontecimiento ajeno a su propósito. El poema afirma activamente que quiso abatirlo. Pero tampoco debemos transformar ese querer en una agresión divina contra el Justo. El propósito pertenecía a Dios. La violencia pertenecía a los hombres. La obediencia pertenecía al Siervo. El Siervo fue abatido dentro del querer de YHWH, pero fue herido por manos humanas. 

 «El Señor quiere purificarlo de la herida» La Septuaginta transmite la primera parte del versículo de otra manera: «Y el Señor quiere purificarlo de la herida». No debemos fingir que el hebreo y el griego dicen exactamente lo mismo. Tampoco debemos unirlos como si fueran dos cláusulas sucesivas de un único texto. El texto masorético dice: YHWH quiso abatirlo y hacerlo padecer... Y el querer de YHWH prosperará en su mano La Septuaginta dice: El Señor quiere purificarlo de la herida. En el texto griego, la acción atribuida a Dios no consiste en producir la herida, sino en purificar al Siervo de ella. La herida es una realidad que ha caído sobre él; el querer del Señor consiste en liberarlo de la condición que aquella violencia pretendía imponerle. El texto masorético contempla el recorrido querido por YHWH: el Siervo debía descender hasta el abatimiento. La Septuaginta contempla la reversión de la condición producida por la violencia: el Señor quiere purificarlo de la herida. No son testimonios idénticos, pero pueden escucharse dentro de un mismo arco narrativo: YHWH quiso que el Siervo recorriera el camino del abatimiento y que le querer de YHWH prosperará en su mano; los hombres lo hirieron durante ese descenso; y el Señor quiso llevar su historia más allá de la herida. La Septuaginta no niega el abatimiento. Contempla su reversión. El querer de Dios no termina dejando al Siervo bajo el golpe. 

 El Hijo recorrió el camino del abatimiento Hebreos nos permite contemplar este recorrido desde la obediencia del Hijo: «Me preparaste un cuerpo…

He aquí que vengo, oh Dios,

para hacer tu voluntad». —Hebreos 10:5, 7 El cuerpo preparado es el cuerpo en el cual el Hijo entra verdaderamente en nuestra historia. En él escucha, sirve, se compadece, sostiene al cansado, soporta la oposición y llega hasta la muerte. Cuando declara que viene a hacer la voluntad de Dios, no se refiere únicamente al instante final de su muerte. Se refiere al recorrido completo para el cual asumió un cuerpo. Isaías contempla el camino desde el querer de YHWH: «YHWH quiso abatirlo». Hebreos revela la disposición con la que el Hijo entra en ese camino: «Vengo a hacer tu voluntad». Por eso añade: «Aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia». —Hebreos 5:8 Como lo vimos con anterioridad, el Hijo no pasa de la rebeldía a la obediencia. Aprende histórica y corporalmente lo que significa obedecer dentro de nuestra condición cuando la fidelidad conduce al sufrimiento. Por lo que padeció, vivió una obediencia que permaneció firme bajo el desprecio, la violencia y la amenaza de muerte. El sufrimiento no produjo fidelidad donde antes no existía; llevó la fidelidad del Hijo hasta su expresión más profunda dentro de la condición humana. Getsemaní permite escuchar desde dentro la tensión de esa obediencia: «Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Jesús no atribuye al Padre las manos que lo apresarán, los golpes que recibirá ni la sentencia injusta que lo llevará a la muerte. Pero reconoce que no debe abandonar el camino cuando esas manos se levanten contra él. Los hombres mostrarán quiénes son al herirlo. El Hijo mostrará quién es al permanecer fiel. Y Dios mostrará que ni siquiera ese descenso puede frustrar su querer. 

 El abatido no permanecerá abatido El versículo en el hebreo comienza con YHWH queriendo abatir al Siervo, pero termina con el querer de YHWH prosperando en su mano. El Siervo desciende hasta la muerte, pero no permanece entre los muertos: verá descendencia, prolongará sus días y llevará a cumplimiento el propósito de Dios. Isaías 53:10 presenta un solo querer divino cuyo recorrido pasa por el abatimiento, pero cuya meta se encuentra más allá de él. La voluntad de Dios no queda sepultada con el Siervo. El mismo que descendió hasta la muerte será levantado, y el querer de YHWH prosperará en su mano. Pero en el centro del versículo aparece todavía una expresión sorprendente: «Cuando su vida sea puesta como אָשָׁם — ʾāšām…». ¿Qué significa que la vida del Siervo sea puesta como אָשָׁם — ʾāšām? ¿Se refiere a su muerte? ¿O la antigua ofrenda de restitución contiene un movimiento que conduce desde la pérdida hasta la restitución, desde la exclusión hasta la presentación delante de YHWH? Esa pregunta merece un capítulo propio. En el próximo capítulo descubriremos que la אָשָׁם — ʾāšām es tan sorprendente como la palabra que acabamos de estudiar. El Siervo no solo atraviesa el abatimiento: su vida llega a ser la vida humana devuelta a su legítimo Dueño.


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