domingo, 11 de junio de 2023

EL LEPROSO

 El leproso estaba tendido en el piso, su rostro pegado al polvo.

Todos habían huido de su presencia, menos el que estaba en frente de él.
La gente miraba como a distancia de unos cien metros, inclusive los seguidores mas cercanos del que estaba parado en frente del leproso también habían huido.
Toda el gentío que lo seguía y todos sus discípulos habian huido. Solamente quedó Jesús y aquel leproso.
Nadie pudo escuchar lo que el leproso le decía: ¡Señor, Señor, Señor!
El leproso no detenía sus palabras, era como si una fuerza lo impulsara a repetir una y otra vez esas palabras.
Fue allí cuando Jesus, el Mesias, recién le habló y le dijo:
"¿Qué quieres que yo haga?" Nadie escuchó la pregunta, todos estaban demasiado lejos para escuchar el dialogo.
En un momento, el leproso levantó su rostro y se mantuvo de rodillas. Se sacó el trapo que cubría su rostro y se pudo ver las huellas de su enfermedad.
Le faltaba parte de su nariz, y uno de sus ojos. Su cabello hace mucho que no se lavaba y el olor hediondo de sus heridas se sentía desde muy lejos.
Fue entonces que el leproso le dijo algo que otra vez los testigos no pudieron escuchar:
"¡Señor! (Dijo de nuevo) ¡Señor! ¡Si tu quieres puedes limpiarme!"
No fue una pregunta, sino que fue una afirmación con convicción.
Esto fue dicho a través del llanto que salia, por lo que la frase fue dicha de manera entrecortada.
Alli Jesús, hizo algo que jamas un buen judio debería hacer. ¡Tocó al leproso!.
La gente que veia aquel espectaculo grito como un solo hombre:
¡Nooooooo!
Mas de alguno lloró, no por el leproso, sino por Jesus.
Ahora tendrían que apartar a Jesús del pueblo durante un tiempo y esperar si es que le aparecía alguna mancha blanquecina, en alguna parte de su cuerpo. Y si es que esta aparecia debia esperar un tiempo mas para presentarse ante el sacerdote. Este último, si es que confirmaba que ahora Jesus era leproso, debia declarar la expulsión para siempre de la comunidad de Israel, debiendo vivir para siempre en el desierto.
"¿Como pudo hacerlo?" Decian algunos. Otros agregaban "¡Pero si Jesús sabia que no debia hacer lo que hizo!" y otros "¡En Nazareht no le enseñaron ni siquiera lo mas basico de la ley!"
En el momento en que Jesús toco al leprosos le dijo una frase que nadie escuchó "¡Quiero, se limpio!"
En ese instante fue cuando el leproso volvió a caer al piso y comenzó a llorar como un niño que se encontraba perdido y asustado y que finalmente es encontrado por sus padres. Su llanto ahora era diferente, era un llanto de alguien que estaba siendo consolado.
En ese momento botó su capa e hizo algo inimaginable en su cultura. Se sacó casi toda su ropa y se quedó, con lo que seria hoy, su ropa interior.
Esto permitió ver a la muchedumbre de qué manera su carne que estaba llena de lepra, de hediondes y pudredumbre era limpiada. Fue como su cuerpo comenzara a botar un liquido desde todas las partes en que la lepra estuviera, luego de ello la piel se reseco y se convirtio en polvo, polvo que fue llevado por el viento. Y cuando esto sucedio su piel se volvio como la de un recien nacido. Su rostro recuperó su forma, su nariz y sus ojos habian sido restaurados. Los miembros de su cuerpo que faltaban habian crecido de nuevo y la parte que estaba seriamente dañada por la lepra habian sido hechas nuevas.
Alli Jesus le dijo: "Anda y muéstrate al sacerdote, como mandó Moisés, para testimonio de ellos"
Los demás cuando vieron el espectaulo de inmediato fueron a trarle ropa limpia, pero primero tomaron su ropa antigua junto con su "ropa interior" y la quemaron.
Al que había sido leproso, le dieron ropa y calzados nuevos y lo levantaron sobre sus hombros e hicieron fiesta por lo sucedido.
Habían sido testigo de un milagro que solo era posible si es que el Mesías, el Libertador anhelado por tantos siglos, estuviera presente en medio de ellos. Lo cual era así.



Mirando al Espejo Veo un Pecador

 El escrito "Mirando al espejo veo un pecador" es una reflexión profunda acerca de la condición humana. Es una realidad que todos los seres humanos, en mayor o menor medida, hemos cometido errores y pecados. Al mirarnos al espejo, podemos ver nuestro reflejo físico, pero también podemos ver nuestros defectos e imperfecciones, nuestros errores y debilidades.

El autor nos invita a reflexionar sobre nuestra propia condición y a reconocer nuestra necesidad de ayuda y redención. En la Biblia encontramos un mensaje de amor y esperanza que nos ofrece una solución a nuestros problemas. Al mirar a la Biblia, podemos ver a Uno que nos ha llamado justo, que nos ha hecho esclavos de la justicia, que nos ha reconciliado con Él y que ya no nos condena.
La Biblia nos muestra cómo Dios actuó con inmensa gracia hacia nosotros al enviar a su Hijo Jesucristo para morir en la cruz por nuestros pecados. Al aceptar a Jesús como nuestro Salvador, podemos ser perdonados y restaurados a una relación correcta con Dios.
Pero, ¿cómo podemos reconciliar la realidad de nuestra condición pecadora con la verdad de la gracia de Dios? En primer lugar, es importante reconocer que todos somos pecadores, y que no podemos salvarnos a nosotros mismos. La Biblia dice que "todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23). Esto significa que todos necesitamos la ayuda de Dios para ser salvados.
En segundo lugar, es importante entender que la gracia de Dios no es algo que podamos ganar o merecer. La gracia es un regalo gratuito de Dios que se ofrece a todos los que creen en Jesús. La salvación no es algo que podamos obtener por nuestras propias obras o esfuerzos, sino que es un don de Dios (Efesios 2:8-9).
En tercer lugar, es importante recordar que la gracia de Dios no significa que podemos seguir viviendo en pecado. La Biblia nos llama a vivir una vida justa y santa, y a apartarnos del pecado. Al aceptar a Jesús como nuestro Salvador, somos llamados a seguir sus enseñanzas y a vivir de acuerdo con su voluntad.
En resumen, el escrito "Mirando al espejo veo un pecador" nos invita a reflexionar sobre nuestra propia condición y a reconocer nuestra necesidad de ayuda y redención. Al mirar a la Biblia, podemos encontrar la solución a nuestros problemas y la esperanza de una vida nueva en Cristo. La gracia de Dios es un regalo gratuito que se ofrece a todos los que creen en Jesús, y nos llama a vivir una vida justa y santa. Al mirar a la Biblia, podemos ver a Uno que nos ha encontrado y que actúa con inmensa gracia hacia nosotros.

Mirando al espejo veo un pecador
Mirando al espejo veo un esclavo del pecado
Mirando al espejo veo a un enemigo de Dios.
Mirando al espejo veo a un condenado
Mirando al espejo veo a un pérdido
Mirando al espejo veo a un rebelde
Pero...
Mirando a la Biblia veo a Uno que me ha llamado justo
Mirando a la Biblia veo a Uno que me ha hecho esclavo de la justicia
Mirando a la Biblia veo a Uno que me ha reconciliado consigo mismo
Mirando a la Biblia veo a Uno que ya no me condena.
Mirando a la Biblia veo a Uno que me ha encontrado
Mirando a la Biblia veo a Uno que actúo con inmensa gracia hacia mi.
Porque mirando al espejo solo veo mi carne.
Pero mirando a la Biblia lo puedo ver a Él.
RVM



El Siervo del Centurión


Arturius habia llegado a la provincia de Galilea hace cerca de 10 años. Había logrado el rango de Centurión romano combatiendo en Africa. Le habían ofrecido ser el Pilus Prior al mando de una Cohorte romana, la que incluía 6 Centurias, por ser el más veterano de los Centuriones. La aceptó gustosamente.
Estando en Israel se hizo de varios esclavos, incluyendo a una mujer, curo nombre era Ana, de la que se enamoró perdidamente y él quizo hacerla su esposa. La belleza de sus ojos y el color canela de su piel lo cauitvó desde el primer momento. Desde que la vió en su quehaceres no la pudo sacar de sus pensamientos.
Esto hizo que su corazón se inclinara hacia el Dios de esta mujer. Como era una religión reconocida por el Imperio se le permitió adorar al Dios de su amada.
Los primeros acercamiento que Arturius tuvo, fue el asistir a una Sinagoga Judía. Cuando los judíos lo vieron por primera vez entrar con su uniforme romano, huyeron de sus presencia, dejándolo solo en la sinagoga, con el diacono principal de la misma. La reacción de los judíos no le sorprendió. Pero le sorprendió la pequeñez del lugar en el que se reunían.
Sin dar ninguna explicación, trajo a un grupo de sus soldados un domingo en la noche y demolió el lugar. Los asistentes de la sinagoga creyeron que había sido una venganza por haberlo dejado solo.
Al día siguiente aparecieron una grupo de jornaleros, todo judios, y comenzaron a reconstruir la SInagoga. Pero esta vez la construcción proyectada era del doble del tamaño de la anterior.
Se demoraron exctamente 60 días, sin contar los días sabados que no trabajaban. Todos los jornaleros fueron pagados por Arturius.
La mujer que amaba, Ana, cuando supo lo que estaba haciendo quedó cautiva ante la bondad de su señor.
Los judíos al recibir la Sinagoga, estaban profundamente agradecidos y le comenzaron a llamar "Jasidei Umot Ha-Olam" (que traducido es "Justos entre las Naciones"). Pero a pesar de todo rehuían de su presencia.
No entendiendo el por qué de la conducta de estos judíos, Arturius comenzó a investigar en los libros sagrados de los hebreos. Había sabido que las Escrituras hebreas habían sido traducidas al griego, así que comenzó a leerlas.
Durante todo el tiempo de su lectura aprendió acerca del Dios unico y verdadero, el Dios de Abraham, de Isaac y Jacob. Lo cautivó las promesas dadas a Abraham, el exodo de Egipto por Moisés, de como Dios les dió a este pueblo la tierra. Le fascinó la historia de los jueces, y de como David venció Goliat. Cada vez que las leía era como si su corazón se llenara de una paz que no había conocido.
Pero lo que más le llamó la atención fue saber de que Dios había prometido la venida del Reino, de Su Justicia y de Su Salvación, de manera concreta a la tierra, a través del Mesias.
Cuando terminó de leer los textos griegos llamó a Josias, al principal de la sinagoga, y le preguntó como él podía hacerse parte de las promesas dadas a Abrahram, Isaac y Jacob. A Josias no le sorprendió su pregunta, pués él mismo le había entregado los textos de las Santas Escrituras en Griego.
Josías le dijo: "Si quieres servir al Dios de Israel deberás renunciar a los dioses de tus padres de manera pública, luego deberás circuncidarte y esperar la aprobación de la congregación de Israel para ser aceptado como un prosélito".
"Y ¿como renuncio a los dioses de mis padres?" Preguntó Arturius.
"Es relativamente sencillo, por ablución, es decir, debes ser sometido a un baño ceremonial que en griego llaman baptismo, y 8 días después deberás circuncidarte"
Ya no solo estaba cautivo por el amor de Sara, sino que ahora estaba cautivo del Dios de Sara que era el Dios de Israel. Para Arturius, un hombre acostumbrado a la espada y la sangre, aceptar tal desafio no era mayor problema, asi que aprobó hacer gustosamente todo lo que Josias le había dicho. Así que al sábado siguiente se sometió al rito del baptismo y a los 8 días se circuncidó.
Arturius a pesar del dolor que sentía, estaba inmensamente feliz de haber comenzado sus primeros pasos para ser del pueblo de Dios.
A los 40 días de haber sido circuncidado se presentó en la sinagoga por él construida y esta vez ningún judio lo dejó. Es más al terminar la reunión todos se acercaron e hicieron algo pocas veces visto. Lo abrazaron, y lo besaron en su mejilla. Recibió más de cien abrazos y 100 besos en su mejilla.
Finalmente se acercó Josias, y le dijo. "Parece que la nación de Israel te ha recibido en su seno".
Arturuis no lo podia creer. Llegó a su casa y la mujer que amaba lo recibió. Fue en ese momento, en su mal hebreo le dijo que ella sería su mujer y que él sería su marido, que tendrían hijos y los criarían como hijos de Israel conforme a la ley de Moíses.
Ana, al escuchar le respondió "Hágase como mi señor le parezca". Ana lo amaba y estaba feliz que ella fuera la mujer elegida para ser su esposa.
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Pasaron los años, Arturius y Ana no tuvieron hijos, pero ambos se encariñaron con un niño llamado Andres, cuyos padres ya habían sido esclavos de Arturius, pero que habían muerto por una extraña enfermedad. Lo criaron desde muy pequeño. Fue la sombra de Arturius, lo amaban como a un hijo.
Andrés se transformó en un hombre muy inteligente. Todos los negocios y los quehaceres de la casa y de las tierras de Arturius estaban a cargo de él.
Con el tiempo Andrés se enfermó de gravedad, con la misma enfermedad que mató a sus padres. Arturius y Ana estaban desesperados. Buscaron los mejores médicos, pero su condición no cambiaba. Lucio uno de los médicos más famosos de la zona finalmente les dijo que si en tres día no mejoraba Andrés estaría muerto.
La tristeza de Ana y Arturius no se hizo esperar, era como si un hijo de ambos estuviera a punto de morir.
Josias, que seguia siendo el principal de la sinagoga, le comentó acerca de un sanador, cuyo nombre era Jesús, que decían que era el Mesias. Josias le dijo que ese Jesús echaba fuera demonios, hacía andar a paraplejico, daba vista a ciegos y limpiaba a los leprosos, pero no era confiable porque se atrevís a sanar los sabados.
Cuando escuchó todo esto, Arturius le rogó que intercediera por él y por su siervo Andres, que mandara a un grupo de ancianos de la sinagoga para hablar con él.
Josias, que conocia el corazón de Arturius, le dijo: "Por lo que has hecho por nosotros mereces que hagas lo que pides"
Entonces Josias tomó a los otros diaconos de la SInagoga y se fueron a encontrar con Jesús para solicitarle que sanara a Andrés, el siervo de Arturius, amado como un hijo por él.
Al escuchar a los ancianos de la sinagoga, Jesús accedió a ir a sanarlo.
Cuando supieron que Jesús iría a sanar a Andrés, una multitud comenzó a ir con él.
Estando Andres enfermo, y sabiendo cuanto era amado por su amo, un grupo de amigos estaba con Arturius tratando de consolarlo.
En ese momento apareció un niño corriendo y que decía: "¡Allí viene Jesús, a sanar a Andres, allí viene , allí viene!" No habia ningun dejo de duda en sus palabras
Al escucha esto Arturius se alegró mucho. Supo en su interior de que Jesús era el Mesias, el Hijo de Dios. Que era el Señor, incluso del sábado.
Asi que les dijo a sus amigos que fueran donde Jesús y le dijera: "Solo es necesario que des la orden y mi amado siervo será sano. Porque yo se quién eres tú, y porque yo se quien yo soy. Y yo soy indigno de que tu entres a mi casa"
Sus amigos hicieron conforme a lo que Arturius les solicitó. Cuando los amigos de Arturius le dijeron a Jesus todo esto. Jesús se maravilló de la fe de este Centurión.
Y de inmediato por la palabra de Jesús Andrés fue sanado.
Autor: Rodrigo Vidal Mendoza
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Mat 8:5/10 Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.



sábado, 10 de junio de 2023

MIEDO

 El hombre se encontraba sentado en un banco de la plaza, mirando el cielo. Era un hombre de unos 55 años, con canas en su cabello y arrugas en el rostro. Había sido cristiano por más de 40 años y tenía muchas historias de cómo Dios le había respaldado y respondido a sus oraciones.


Sin embargo, en ese momento, se sentía asustado y perdido. Se había quedado sin trabajo y no sabía cómo iba a pagar las facturas. Tenía miedo de no tener suficiente dinero para los meses y años que venían. . En ese momento, se encontraba en una situación difícil y tenía miedo.

Se arrodilló y empezó a orar, pidiendo a Dios que lo ayudara con su miedo. Entonces, al hablar con Dios: "Señor, tengo miedo", dijo el hombre en voz baja.

De repente, una voz en su cabeza le preguntó: "¿De qué tienes miedo?"

El hombre respondió: "Tú sabes de lo que tengo miedo". La voz replicó: "Puede ser que yo sepa, pero ¿sabes tú, de qué tienes miedo?".

El hombre contesta: De que el dinero no me alcance para los meses y años que vienen.

Y entonces Dios respondió: En realidad, no es a eso a lo que tienes miedo, ¿a qué le tienes miedo realmente?.

Y el hombre respondió: A que Tus promesas no sean ciertas Señor. Y fue allí que el hombre se dio cuenta de su verdadero miedo

El hombre se quedó en silencio durante unos segundos, y luego lo entendió:

"Tienes razón, Señor", dijo. "Tengo miedo porque no estoy confiando en ti y en tus promesas. Tengo miedo porque estoy no estoy creyendo que me ayudarás a través de esta situación difícil".

En ese momento, el hombre se dio cuenta de su verdadero miedo.

Había estado luchando con la duda y la incredulidad, y tenía miedo de que Dios no cumpliera sus promesas para su vida.
Dios le habló a Juan (que era su nombre) con amor y le recordó todas las veces en las que había intervenido en su vida y cumplido sus promesas. Le aseguró que seguiría estando con él y que nunca lo abandonaría.

Juan sintió una gran paz en su corazón y se dio cuenta de que su verdadero refugio y seguridad estaba en Dios. Desde ese día en adelante, Juan se fortaleció en su fe y confianza en Dios, sabiendo que Él siempre cumpliría sus promesas.



miércoles, 7 de junio de 2023

Carta y operación salio bien

 Querida hija,


Espero que esta carta te encuentre bien. Quiero agradecer a Dios por haberme dado una nueva oportunidad de vida después de la operación cerebral que tuve que someterme. Aunque había un alto riesgo de muerte, Dios me ha permitido superar esta prueba y estar aquí contigo hoy.


Sé que ha sido un momento difícil para ti y para toda la familia, pero quiero que sepas que tu amor, apoyo y oraciones fueron lo que me dieron la fuerza y la esperanza para superar este obstáculo. Gracias por estar a mi lado y por ser mi roca en momentos de incertidumbre.


La vida es un regalo precioso, y después de la operación, me he dado cuenta más que nunca de cuánto valorar y apreciar cada momento que tengo contigo y con los demás seres queridos. Me siento más agradecido y bendecido que nunca por la oportunidad de estar aquí con ustedes, y espero poder continuar viviendo mi vida con gratitud y amor.


Sé que Dios tiene grandes planes para mi vida, y que todavía tengo un propósito que cumplir aquí en la tierra. Quiero seguir siendo un buen padre para ti, y seguir guiándote y apoyándote en todo lo que necesites. Quiero estar ahí para celebrar tus triunfos y ayudarte en tus desafíos.


Recuerda siempre que la vida es un regalo, y que debemos vivirla al máximo, apreciando cada momento y cada persona que tenemos en ella. Agradece a Dios por todo lo que te ha dado, y sigue buscando su guía y su amor en cada paso del camino.


Quiero que sepas que te amo mucho, y que siempre estaré aquí para ti. Gracias por ser mi hija y por ser una luz en mi vida. Espero seguir creciendo juntos y disfrutando de la vida que Dios nos ha dado.


Con todo mi amor,


Tu padre.

Carta y mi operación

 Querida hija,


Espero que esta carta te encuentre bien. Sé que has estado muy preocupada por mi salud desde que me dijeron que tenía que someterme a una operación cerebral urgente. Quiero que sepas que, aunque hay un pequeño riesgo de que algo salga mal durante la operación, estoy completamente seguro de que Dios está cuidando de mí y de que, independientemente del resultado, estoy en sus manos.


A lo largo de mi vida, he sido muy afortunado de tener una vida plena y bendecida. He tenido la oportunidad de experimentar muchos momentos felices con mi familia, amigos y comunidad. Me he sentido muy agradecido por todo lo que me ha sido dado, y he tratado de vivir mi vida con gratitud y compasión hacia los demás.


Ahora, cuando me enfrento a esta prueba, sé que mi fe en Dios es lo que me dará la fuerza y ​​la esperanza para superarla. Sé que no estoy solo, y que Dios está siempre conmigo, guiándome y protegiéndome en cada paso del camino.


Quiero que sepas que, independientemente de lo que suceda, siempre estaré contigo en espíritu. Si llegara a morir, quiero que sepas que estaré en paz, y que mi amor por ti nunca morirá. Nunca olvides lo mucho que te quiero, y lo orgulloso que estoy de la persona en la que te has convertido.


Sé que es difícil para ti imaginar la vida sin mí, pero quiero que sepas que tienes una gran comunidad de amigos y familiares que te aman y aprecian. Siempre estarán allí para apoyarte, y espero que puedas encontrar consuelo y fuerza en su amor y amistad.


Recuerda siempre que Dios está contigo, y que puedes confiar en él para guiarte a través de los momentos más difíciles de la vida. Él es tu roca y tu protector, y siempre estará allí para ayudarte a superar cualquier desafío que se te presente. Confía en él, y verás que siempre te llevará a un lugar mejor.


En conclusión, quiero que sepas que te amo mucho, y que siempre estaré contigo en espíritu, independientemente de lo que suceda. Confía en Dios, y sé que siempre estarás en buenas manos.


Con todo mi amor,


Tu padre.

Carta dolor y tristeza

 Querida hija,


No sé por dónde empezar esta carta. A medida que escribo, mi corazón se llena de dolor y tristeza. Como padre, siempre he querido protegerte de todo lo que pudiera hacerte daño, y saber que alguien te lastimó de esta manera me rompe el corazón. Pero lo que me rompe aún más es saber que has estado cargando con esto en silencio durante tanto tiempo.


Hija, quiero que sepas que no tienes la culpa de lo que pasó. Lo que te hicieron fue un acto malvado, egoísta e inaceptable. No importa cómo te sentías en ese momento, lo que importa es que no dijiste que sí a lo que sucedió. No dijiste que sí a que te lastimaran. No dijiste que sí a que te robaran tu inocencia. No dijiste que sí a que te quitaran la felicidad.


Sé que puede ser difícil entender esto, pero lo que te hicieron no fue amor. No fue afecto. No fue cariño. Fue un abuso, y eso nunca está bien. No importa quién sea la persona que te haya hecho esto, no importa cuál sea su posición en la iglesia o en la comunidad. Lo que hicieron fue un pecado, y Dios los juzgará por ello.


Sin embargo, quiero que sepas que Dios está contigo en este momento difícil. Él ve tus lágrimas, siente tu dolor, y está dispuesto a sanar tus heridas. Él es un padre amoroso que siempre está dispuesto a escuchar y cuidar de sus hijos. Él puede llevarte de la oscuridad a la luz, de la tristeza a la alegría, de la desesperación a la esperanza.


Sé que esto puede parecer difícil de creer en este momento. Puede parecer que Dios te ha abandonado, que no le importas, que no estás lo suficientemente cerca de él para que te proteja. Pero quiero que sepas que eso no es verdad. Dios te ama incondicionalmente, sin importar lo que hayas hecho o lo que te hayan hecho. Él está contigo en todo momento, y nunca te dejará ni te abandonará.


Hija, sé que esto puede parecer abrumador. Puede parecer que no hay salida, que no hay esperanza, que no hay forma de superar lo que ha sucedido. Pero quiero que sepas que no estás sola. Tienes a tu familia, a tus amigos, a tus profesores, a tus líderes religiosos, a tus terapeutas. Tienes a toda una comunidad que está dispuesta a apoyarte, a ayudarte, a estar contigo en este tiempo difícil.


Sé que puede ser difícil hablar de lo que ha sucedido. Puede parecer que nadie te entenderá, que nadie te creerá, que nadie te apoyará. Pero quiero que sepas que te creemos, te entendemos, y te apoyamos. Nunca debes sentirte avergonzada por lo que te han hecho. Nunca debes sentir que tienes que cargar con esto en silencio. Siempre estaremos aquí para ti, para escucharte, para apoyarte, para hacerte sentir amada y segura.


Hija, quiero que sepas que sanar no es un proceso fácil. Puede llevar tiempo y esfuerzo, y puede haber momentos en los que te sientas como si no estuvieras avanzando. Pero quiero que sepas que cada pequeño paso que des, cada pequeña victoria que logres, es algo de lo que debes estar orgullosa. Cada vez que te sientas un poco mejor, cada vez que te sientas un poco más fuerte, es una señal de que estás avanzando hacia la sanación.


Sé que puede ser difícil perdonar a la persona que te ha lastimado. Puede parecer que están recibiendo un trato fácil, que no se merecen tu perdón, que deberían ser castigados por lo que han hecho. Pero quiero que sepas que el perdón no es para ellos, es para ti. El perdón te permite liberarte del dolor y la ira que llevas dentro. Te permite dejar ir la carga que has estado cargando contigo durante tanto tiempo. Y te permite avanzar hacia un futuro más brillante y esperanzador.


Hija, quisiera poder cambiar lo que ha sucedido. Quisiera poder hacerte sentir mejor, hacerte sentir segura, hacerte sentir amada. Pero sé que no puedo hacerlo solo. Necesitas buscar ayuda, necesitas hablar con alguien, necesitas recibir apoyo. Por favor, no tengas miedo de buscar ayuda. No tengas miedo de hablar sobre lo que ha sucedido. No tengas miedo de recibir el amor y la ayuda que mereces.


Recuerda siempre que eres una hija amada de Dios. Eres una persona valiosa y hermosa, y nada de lo que te haya sucedido puede cambiar eso. Eres fuerte, eres valiente, y eres capaz de superar cualquier cosa que la vida te presente. Dios te ama, tu familia te ama, tus amigos te aman, y siempre estaremos aquí para apoyarte en cada paso del camino.


Con amor,


Tu padre.es sentir que tienes que cargar con esto en silencio. Siempre estaremos aquí para ti, para escucharte, para apoyarte, para hacerte sentir amada y segura.


Hija, quiero que sepas que sanar no es un proceso fácil. Puede llevar tiempo y esfuerzo, y puede haber momentos en los que te sientas como si no estuvieras avanzando. Pero quiero que sepas que cada pequeño paso que des, cada pequeña victoria que logres, es algo de lo que debes estar orgullosa. Cada vez que te sientas un poco mejor, cada vez que te sientas un poco más fuerte, es una señal de que estás avanzando hacia la sanación.


Sé que puede ser difícil perdonar a la persona que te ha lastimado. Puede parecer que están recibiendo un trato fácil, que no se merecen tu perdón, que deberían ser castigados por lo que han hecho. Pero quiero que sepas que el perdón no es para ellos, es para ti. El perdón te permite liberarte del dolor y la ira que llevas dentro. Te permite dejar ir la carga que has estado cargando contigo durante tanto tiempo. Y te permite avanzar hacia un futuro más brillante y esperanzador.


Hija, quisiera poder cambiar lo que ha sucedido. Quisiera poder hacerte sentir mejor, hacerte sentir segura, hacerte sentir amada. Pero sé que no puedo hacerlo solo. Necesitas buscar ayuda, necesitas hablar con alguien, necesitas recibir apoyo. Por favor, no tengas miedo de buscar ayuda. No tengas miedo de hablar sobre lo que ha sucedido. No tengas miedo de recibir el amor y la ayuda que mereces.


Recuerda siempre que eres una hija amada de Dios. Eres una persona valiosa y hermosa, y nada de lo que te haya sucedido puede cambiar eso. Eres fuerte, eres valiente, y eres capaz de superar cualquier cosa que la vida te presente. Dios te ama, tu familia te ama, tus amigos te aman, y siempre estaremos aquí para apoyarte en cada paso del camino.


Con amor,


Tu padre.