Arturius habia llegado a la provincia de Galilea hace cerca de 10 años. Había logrado el rango de Centurión romano combatiendo en Africa. Le habían ofrecido ser el Pilus Prior al mando de una Cohorte romana, la que incluía 6 Centurias, por ser el más veterano de los Centuriones. La aceptó gustosamente.
Estando en Israel se hizo de varios esclavos, incluyendo a una mujer, curo nombre era Ana, de la que se enamoró perdidamente y él quizo hacerla su esposa. La belleza de sus ojos y el color canela de su piel lo cauitvó desde el primer momento. Desde que la vió en su quehaceres no la pudo sacar de sus pensamientos.
Esto hizo que su corazón se inclinara hacia el Dios de esta mujer. Como era una religión reconocida por el Imperio se le permitió adorar al Dios de su amada.
Los primeros acercamiento que Arturius tuvo, fue el asistir a una Sinagoga Judía. Cuando los judíos lo vieron por primera vez entrar con su uniforme romano, huyeron de sus presencia, dejándolo solo en la sinagoga, con el diacono principal de la misma. La reacción de los judíos no le sorprendió. Pero le sorprendió la pequeñez del lugar en el que se reunían.
Sin dar ninguna explicación, trajo a un grupo de sus soldados un domingo en la noche y demolió el lugar. Los asistentes de la sinagoga creyeron que había sido una venganza por haberlo dejado solo.
Al día siguiente aparecieron una grupo de jornaleros, todo judios, y comenzaron a reconstruir la SInagoga. Pero esta vez la construcción proyectada era del doble del tamaño de la anterior.
Se demoraron exctamente 60 días, sin contar los días sabados que no trabajaban. Todos los jornaleros fueron pagados por Arturius.
La mujer que amaba, Ana, cuando supo lo que estaba haciendo quedó cautiva ante la bondad de su señor.
Los judíos al recibir la Sinagoga, estaban profundamente agradecidos y le comenzaron a llamar "Jasidei Umot Ha-Olam" (que traducido es "Justos entre las Naciones"). Pero a pesar de todo rehuían de su presencia.
No entendiendo el por qué de la conducta de estos judíos, Arturius comenzó a investigar en los libros sagrados de los hebreos. Había sabido que las Escrituras hebreas habían sido traducidas al griego, así que comenzó a leerlas.
Durante todo el tiempo de su lectura aprendió acerca del Dios unico y verdadero, el Dios de Abraham, de Isaac y Jacob. Lo cautivó las promesas dadas a Abraham, el exodo de Egipto por Moisés, de como Dios les dió a este pueblo la tierra. Le fascinó la historia de los jueces, y de como David venció Goliat. Cada vez que las leía era como si su corazón se llenara de una paz que no había conocido.
Pero lo que más le llamó la atención fue saber de que Dios había prometido la venida del Reino, de Su Justicia y de Su Salvación, de manera concreta a la tierra, a través del Mesias.
Cuando terminó de leer los textos griegos llamó a Josias, al principal de la sinagoga, y le preguntó como él podía hacerse parte de las promesas dadas a Abrahram, Isaac y Jacob. A Josias no le sorprendió su pregunta, pués él mismo le había entregado los textos de las Santas Escrituras en Griego.
Josías le dijo: "Si quieres servir al Dios de Israel deberás renunciar a los dioses de tus padres de manera pública, luego deberás circuncidarte y esperar la aprobación de la congregación de Israel para ser aceptado como un prosélito".
"Y ¿como renuncio a los dioses de mis padres?" Preguntó Arturius.
"Es relativamente sencillo, por ablución, es decir, debes ser sometido a un baño ceremonial que en griego llaman baptismo, y 8 días después deberás circuncidarte"
Ya no solo estaba cautivo por el amor de Sara, sino que ahora estaba cautivo del Dios de Sara que era el Dios de Israel. Para Arturius, un hombre acostumbrado a la espada y la sangre, aceptar tal desafio no era mayor problema, asi que aprobó hacer gustosamente todo lo que Josias le había dicho. Así que al sábado siguiente se sometió al rito del baptismo y a los 8 días se circuncidó.
Arturius a pesar del dolor que sentía, estaba inmensamente feliz de haber comenzado sus primeros pasos para ser del pueblo de Dios.
A los 40 días de haber sido circuncidado se presentó en la sinagoga por él construida y esta vez ningún judio lo dejó. Es más al terminar la reunión todos se acercaron e hicieron algo pocas veces visto. Lo abrazaron, y lo besaron en su mejilla. Recibió más de cien abrazos y 100 besos en su mejilla.
Finalmente se acercó Josias, y le dijo. "Parece que la nación de Israel te ha recibido en su seno".
Arturuis no lo podia creer. Llegó a su casa y la mujer que amaba lo recibió. Fue en ese momento, en su mal hebreo le dijo que ella sería su mujer y que él sería su marido, que tendrían hijos y los criarían como hijos de Israel conforme a la ley de Moíses.
Ana, al escuchar le respondió "Hágase como mi señor le parezca". Ana lo amaba y estaba feliz que ella fuera la mujer elegida para ser su esposa.
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Pasaron los años, Arturius y Ana no tuvieron hijos, pero ambos se encariñaron con un niño llamado Andres, cuyos padres ya habían sido esclavos de Arturius, pero que habían muerto por una extraña enfermedad. Lo criaron desde muy pequeño. Fue la sombra de Arturius, lo amaban como a un hijo.
Andrés se transformó en un hombre muy inteligente. Todos los negocios y los quehaceres de la casa y de las tierras de Arturius estaban a cargo de él.
Con el tiempo Andrés se enfermó de gravedad, con la misma enfermedad que mató a sus padres. Arturius y Ana estaban desesperados. Buscaron los mejores médicos, pero su condición no cambiaba. Lucio uno de los médicos más famosos de la zona finalmente les dijo que si en tres día no mejoraba Andrés estaría muerto.
La tristeza de Ana y Arturius no se hizo esperar, era como si un hijo de ambos estuviera a punto de morir.
Josias, que seguia siendo el principal de la sinagoga, le comentó acerca de un sanador, cuyo nombre era Jesús, que decían que era el Mesias. Josias le dijo que ese Jesús echaba fuera demonios, hacía andar a paraplejico, daba vista a ciegos y limpiaba a los leprosos, pero no era confiable porque se atrevís a sanar los sabados.
Cuando escuchó todo esto, Arturius le rogó que intercediera por él y por su siervo Andres, que mandara a un grupo de ancianos de la sinagoga para hablar con él.
Josias, que conocia el corazón de Arturius, le dijo: "Por lo que has hecho por nosotros mereces que hagas lo que pides"
Entonces Josias tomó a los otros diaconos de la SInagoga y se fueron a encontrar con Jesús para solicitarle que sanara a Andrés, el siervo de Arturius, amado como un hijo por él.
Al escuchar a los ancianos de la sinagoga, Jesús accedió a ir a sanarlo.
Cuando supieron que Jesús iría a sanar a Andrés, una multitud comenzó a ir con él.
Estando Andres enfermo, y sabiendo cuanto era amado por su amo, un grupo de amigos estaba con Arturius tratando de consolarlo.
En ese momento apareció un niño corriendo y que decía: "¡Allí viene Jesús, a sanar a Andres, allí viene , allí viene!" No habia ningun dejo de duda en sus palabras
Al escucha esto Arturius se alegró mucho. Supo en su interior de que Jesús era el Mesias, el Hijo de Dios. Que era el Señor, incluso del sábado.
Asi que les dijo a sus amigos que fueran donde Jesús y le dijera: "Solo es necesario que des la orden y mi amado siervo será sano. Porque yo se quién eres tú, y porque yo se quien yo soy. Y yo soy indigno de que tu entres a mi casa"
Sus amigos hicieron conforme a lo que Arturius les solicitó. Cuando los amigos de Arturius le dijeron a Jesus todo esto. Jesús se maravilló de la fe de este Centurión.
Y de inmediato por la palabra de Jesús Andrés fue sanado.
Autor: Rodrigo Vidal Mendoza
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Mat 8:5/10 Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
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