Querida hija,
Hoy quiero hablarte del perdón. Sé que es un tema difícil, pero es muy importante y necesario en nuestra vida como cristianos. El perdón no es fácil, es un desafío, pero es una disciplina espiritual que tenemos que aprender a practicar.
El perdón es un acto de obediencia a Dios, quien nos ha perdonado a través de su Hijo Jesucristo. Jesús nos enseñó a perdonar y nos dio el ejemplo en la cruz, cuando dijo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".
El perdón es el amor puesto en acción. Cuando perdonamos a alguien, estamos demostrando nuestro amor hacia esa persona, aunque haya hecho algo malo. El perdón es un acto de justicia, porque estamos dejando que Dios sea el juez y el que se encargue de la situación.
El perdón es el primer paso para la reconciliación. Cuando perdonamos a alguien, estamos abriendo la puerta a la posibilidad de una relación sanada y restaurada.
Perdonar es rebelarse en contra del anhelo de venganza, de la rabia y el dolor. En lugar de buscar venganza, podemos elegir perdonar y dejar que Dios sea el que se encargue de la situación.
El perdón es actuar desde la humildad. Cuando perdonamos a alguien, estamos reconociendo que no somos perfectos y que también necesitamos ser perdonados.
El perdón no es olvidar. A veces pensamos que perdonar significa olvidar lo que pasó, pero eso no es cierto. Perdonar es recordar sin dolor, ni amargura.
Perdonar es soltar la espada de la venganza. Cuando guardamos rencor y buscamos venganza, estamos sosteniendo una espada que nos hace daño a nosotros mismos. Al perdonar, estamos soltando esa espada y liberándonos de esa carga.
El perdón, perdonarse y disfrutar el perdón van de la mano. No podemos perdonar a los demás si no nos perdonamos a nosotros mismos. Además, tenemos que aprender a disfrutar del perdón que Dios nos ha dado a través de Jesús.
La mayor prueba del amor es el perdón. Cuando perdonamos a alguien, estamos demostrando nuestro amor hacia esa persona, incluso cuando esa persona no lo merece.
El perdón es la mejor medida de nuestra salud emocional. Cuando guardamos rencor y no perdonamos, estamos afectando nuestra salud emocional de manera negativa. Perdonar sana la angustia, la culpa y la depresión.
Perdonar es dejar de vivenciarse como víctima y transformarse en victorioso. Cuando perdonamos, no estamos permitiendo que la situación o la persona nos defina como víctimas. En lugar de eso, estamos tomando control de la situación y transformándonos en victoriosos.
Perdonar es quitar el terreno que hemos cedido a Satanás. Cuando no perdonando, estamos dejando que Satanás tenga un terreno en nuestra vida. El rencor y la amargura son terrenos que Satanás puede utilizar para atacarnos y destruirnos. Al perdonar, estamos quitando ese terreno y dejando que Dios tome el control de nuestra vida.
Perdonar implica no enrostrar al otro. Cuando perdonamos a alguien, no estamos recordando constantemente lo que esa persona nos hizo y no estamos usándolo en su contra. En lugar de eso, estamos dejando que Dios se encargue de la situación y estamos buscando la paz y la reconciliación.
Hija, sé que perdonar puede ser difícil, especialmente cuando alguien nos ha lastimado profundamente. Pero quiero animarte a que aprendas a perdonar. El perdón es una disciplina espiritual que nos ayuda a crecer en nuestra relación con Dios y con los demás.
No te rindas en el proceso de perdonar. Puede ser que tengas que perdonar varias veces la misma situación o a la misma persona, pero no te desanimes. Recuerda que el perdón es un acto de amor y de obediencia a Dios.
Y recuerda, hija, que el perdón no es algo que hacemos por la otra persona, sino que lo hacemos por nosotros mismos. Al perdonar, estamos sanando nuestras heridas emocionales y abriendo la puerta a una vida en paz y en armonía.
Te amo mucho, hija. Y espero que puedas aprender a practicar el perdón en tu vida.
Con amor,
Tu padre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario